De perros y tecatos…

Ya sé que les prometí puras historias de amor y cursi Navidad…eso viene por ahí lo que pasa es que hoy de camino a mi clase de ballet encontré una escena que me puso a pensar…

En medio del semáforo entre carros encendidos y parados estaba un perro negro, sato y olvidado pidiendo limosnas. Pues no pude menos que conmoverme ante lo que veía porque el perro bajaba la cabeza en señal de miedo y miseria. Alguien se apiadó del perro y le tiró un pedazo de comida desde la ventana. Súbitamente cambió la luz a verde y el perro no sabía ni que hacer. Inclinaba la cabeza en señal de docilidad, a la misma vez que doblaba las patas. La fila de carros comenzó a moverse y molestarse por el obstáculo del perro en el camino. Nuevamente alguien se conmovió y permitió que el perro agarrara su pedazo de comida y cruzara comiéndoselo a la carrera para salvar el pellejo…

¿Cuántas veces no hemos repetido esta escena en las carreteras de Puerto Rico? ¿Cuántas veces no hemos tocado bocina y gritado improperios porque algo nos bloquea el camino? Sin embargo, ese algo no es un perro sino un tecato, un vendedor ambulante, o alguien que pide dinero para alguna causa personal desconocida para los motoristas.

Confieso que he seguido adelante. Confieso que no me he conmovido por la escena de un ser humano tambableandose en la miseria. Sin embargo, se necesitó un perro solitario y miserable para traer un poco de perspectiva a mi mente. ¿Por qué me conmueve un perro sato pero no le prestó atención a un ser humano que pide ayuda? ¿Cómo es posible que tuve que ver un perro en la calle sufriendo para poder reconocer el dolor de un ser humano? La misma incertidumbre, miseria y soledad que sentía el perro, sienten aquellos desamparados que se hunden en la desesperación permaneciendo invisibles ante los ojos de una sociedad obsesionada por llegar a su destino sin demoras…

Ya sé que no podemos arreglar los problemas del mundo en un día. Pero desde hoy me propongo quitarme las gríngolas que no me permitían reconocer la miseria humana. Hoy me propongo reconocer el dolor ajeno y aunque no tenga dinero para repartirles, quiero tratarlos como seres humanos. Dedicarles una mirada, un buenos días, una sonrisa. Y cuando esté en la Iglesia o en la privacidad de mi hogar, elevar una oración de esperanza y sanación para que ellos, al igual que el perro olvidado puedan cruzar la calle y llegar a la otra orilla donde estarán a salvo del peligro de la miseria y el olvido…

Esa es mi simple promesa de Navidad. Te pregunto, ¿y tú qué vas a hacer?

One thought on “De perros y tecatos…

  1. Pingback: Saludo navideño de Nuestro Rincón – Nuestro Rincón de Lectura

¿Qué te parece? Estás de acuerdo, nada que ver, etc.

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