Dulce hogar espiritual… de Lizette Martínez

1525126_10202681044408948_26661589_n¡Hola amigos lectores! Empezamos junio con una reflexión muy personal…

Mi tía murió recientemente en el seno de nuestra familia. Es la primera muerte en una familia de 10 hermanos. Todos estamos muy afectados, tristes y con grande pesar. Después de los actos funebres, rezamos nueve rosarios que corresponden a 15 decenas de avemarias intercalados por 15 padre nuestros para facilitar el paso de su alma al cielo.

Rezar el rosario es una tradición religiosa muy antigua. Mi abuelo Esmeraldo, obligaba a sus hijos a rezar el rosario diariamente. Mi madre siempre contaba como ella y sus hermanos detestaban tener que arrodillarse a rezar el rosario en la sala de su casa todos los días. Muchas veces se ponían a cantar disparates y decir cosas chistosas como “santa maría llena eres de plumas” sin pronunciar las oraciones correctamente. Ruega por nosotros se transformaba en “guaguaguagua gá” . El resultado eran carcajadas y risas en vez de solemnidad y seriedad. Mi abuelo que tenía mal genio y era inflexible cuando de religión se trataba, los castigaba a correazos mientras se escurrían por el piso y trataban de esconderse tras los muebles a modo de culebras espantadas. Todo terminaba como el rosario de la aurora, en actitud de sálvese quien pueda, completo con llantos y heridos…

Tantos años después al fallecer mi tía cuando esos niños ya eran padres y abuelos, nos reunimos nuevamente a rezar el rosario en familia. La primera noche que rezamos juntos en casa de mi abuela, sentí algo espiritual y especial.  No soy persona religiosa ni pienso en ritos o dogmas de la iglesia, sin embargo rezando el rosario en casa de mi abuela, sentí una energía, fuerza, vigor y espiritualidad presente entre nosotros. Era el alma de mi abuelo que se paseaba entre los suyos contento de vernos rezando juntos en familia nuevamente…

Rezamos en tres casas diferentes por nueve noches corridas. Las oraciones siempre fueron las mismas, sin embargo la energía y espiritualidad presente nunca fue la misma que cuando rezabamos en casa de la abuela. Al rezar en casa de abuela, nos remontábamos mentalmente a ese pasado pleno de infancia, niños, juegos, disparates y risas. Rezar juntos fue un viaje espiritual; el último y más bello regalo que mi tía Tetin nos dió…

Por primera vez comprendí que los rosarios no son para los muertos.  Las oraciones y sus letanías son para que los vivos podamos aceptar los duros golpes de la muerte. El rito religioso y las novenas son un bálsamo para sanar el alma de los que quedamos atrás llenos de dudas, heridas, culpas, recelos y súplicas.

Descansa en paz Tetin y que brille para ella la luz perpetua… Amén

¿Qué te parece? Estás de acuerdo, nada que ver, etc.

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