Los libros de mis hijos parte 2 – Marco

Bueno, ya hablamos de los libros que le toca leer a Sebastián este año en el colegio, así que, ¿qué les parece si ahora hablamos de los que va a leer Marco?

Este año Marco va para cuarto grado (aunque parezca mentira) y vamos a estar leyendo unos libros que me parecieron muy interesantes.

En Mini no es una miedica (miedica = miedosa. Tuve que buscar el significado en el diccionario) de Christine Nöstlinger conocemos a Herminia Zipfel, mejor conocida como Mini. Mini tiene ocho años, es muy alta y muy delgada, es peliroja y tiene la cara llena de pecas.

Mini además tiene un hermano, Moritz, quien es dos años mayor que ella. A Moritz no hay nada que le divierta más que hacerle la vida imposible a su hermana.

Mini y Moritz iban a ir un día a la piscina con mamá, cuando ésta se torció un tobillo. Eso pudo ser el fin del paseo, pero mamá insistió en que lo niños se fueran solos.

Para llegar a la piscina tenían que atravesar toda la ciudad en tranvía, y no sólo eso, tenían que cambiar de un tranvía a otro en el camino. Esto puso a Mini muy nerviosa porque ellos nunca habían hecho un viaje tan largo solos, pero accedió por complacer a Moritz, quien no había hecho otra cosa más que quejarse toda la mañana.

En el camino, Moritz estaba tan insoportable y seguía siendo tan desconsiderado, y Mini se molestó tanto con él, que decidió cambiarse de asiento. Estaría pendiente a que él se bajara y se bajaría ella también. Pero Mini no contaba con que el tranvía se iba a llenar por completo y ya no podría ver a Moritz desde su asiento. De hecho, sólo se dió cuenta de que él se había bajado cuando lo vió a través de la ventana mientras el tranvia (¡en el que ella todavía iba!) se alejaba de la estación.

Mini se bajó en la próxima estación, pero se pueden imaginar ustedes su desesperación (y la mía al sólo pensar que eso le pudiera pasar a Marco o a Sebastián) al encontrarse sola en una parte de la ciudad que no conocía.

La pobre Mini tuvo que arreglárselas para regresar a casa donde encontró a toda su familia, desesperada. Papá había salido corriendo del trabajo y hasta Moritz (quien regresó rápidamente a casa para avisar que Mini se había perdido), lloraba de alegría por tener a su hermanita de vuelta.

Supongo que el libro quiere enseñarle a los niños que incluso en las situaciones más difíciles tienen que mantener la calma y tratar de buscar una solución, pero igual no me gusta la idea de que uno de mis hijos (de siete y nueve años) se pierda en la ciudad y se exponga a Dios sabe qué peligros.

Por ahora lo dejamos como un cuento con un final feliz.

El otro cuento que Marco leerá este año es ¡Estás despedida! de Rachel Flynn. Y debo decir que estoy loca por ver cómo Marco reacciona a esta historia.

Edward Van Eek era un niño que lo tenía todo. Vivía en una casa grande con su papá y su mamá, su ropa siempre estaba limpia, su comida caliente y su fiesta de cumpleaños era la más popular del vecindario y tema de conversación por meses.

Un día Edward se dió cuenta de que algo andaba mal cuando encontró una media roja entre las negras. Luego en el desayuno su leche resultó estar fría porque a su madre se le había olvidado calentarla. En el colegio encontró una falta de ortografía en los deberes que su mamá supuestamente había revisado y para rematar la cosa, el guineo de su merienda tenía una mancha negra en la cáscara y el sandwich de su almuerzo tenía demasiada mayonesa y se le ensució el bizcochito que tenía de postre. Ahora, la gota que derramó el vaso fue que durante la cena, sus papas majadas tenían grumos.

Eso era más de lo que él podía soportar, así que sin pensarlo dos veces despidió a su mamá.

Claro, no fue hasta después de su exabrupto que Edward se dió cuenta de todas las cosas que él daba por sentado como si se hicieran solas, que en realidad las hacía su mamá. Al despedirla, de la noche a la mañana se quedó sin ropa limpia, sin comida caliente, sin nadie que lo despertara por las mañanas para que llegara a tiempo al colegio, sin nadie que le diera el beso de buenas noches. Ahora, como un niño sin mamá, Edward tenía que hacer sus asignaciones solo, irse caminando al colegio, preparárse él mismo sus meriendas. Y para su horror, las cosas que él creía que se hacían por arte de magia (como el hecho de que su cuarto siempre estaba recogido) también eran obra de su mamá.

Y lo peor de todo es que se le ocurrió despedir a su mamá apenas una semana antes de su fiesta de cumpleaños. ¿Quién haría el bizcocho y los entremeses? ¿Quién contrararía al payaso y la casa de brincos? ¿Quién estaría a cargo de los juegos y prepararía los premios?

Para mí fue bastante divertido ver cómo Edward poco a poco se daba cuenta del rol tan importante que tenía su mamá en su vida. Y al darse cuenta de que ahora su mamá tenía un trabajo fuera de casa y que las cosas tenían que cambiar por obligación, entendió que también era su responsabilidad ayudar en la casa. Esta era una responsabilidad que le correspondía a todos los miembros de la familia.

Si, creo que este año será muy interesante.

One thought on “Los libros de mis hijos parte 2 – Marco

  1. Pingback: Los libros de mis hijos parte 1 – Sebastián « Nuestro Rincón de Lectura

¿Qué te parece? Estás de acuerdo, nada que ver, etc.

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