Crecer duele…

ArbolitoHace algunos meses a Marco, mi hijo de diez años, le dijeron en el colegio que Santa Claus no existe y que quienes ponen los regalos debajo del árbol son en realidad los papás.

Esto para Marco fue realmente un shock. Para mí también. Reconozco que no esperaba que él viniera a preguntarme si era verdad. Y sobre todo, no esperaba la angustia que a él le causó la sola posibilidad de que esto fuera cierto.

Yo no tuve el corazón de decirle categóricamente que Santa Claus no existe, pero tuvimos una plática un tanto filosófica sobre la importancia de creer en algo y de mantener viva la ilusión de la Navidad. Aproveché para hacerle la salvedad de que lo más importante de la Navidad no son los regalos, sin esperanza de que él lo viera así… Hello! Marco tiene sólo diez años, por supuesto que lo más importante son los regalos. Pero sí le aseguré que, sin importar si Santa Claus es o no real, sus regalos siempre fueron reales y eso no iba a cambiar. En fin, que lo invité a decidir por sí mismo si él quería creer en Santa o no, haciéndole la salvedad de que, a los treinta y nueve años, yo todavía creo en Santa.

Yo no recuerdo que para mí hubiera sido una experiencia tan traumática el haberme enterado de que los Reyes Magos no existían (en República Dominicana no tenemos a Santa Claus). Realmente ya yo había escuchado comentarios en el colegio y tenía serias dudas de que esos tres hombres con todo y camellos pudieran entrar hasta mi cuarto para dejar regalos, y lo mismo con todos los niños del mundo. Porque tenemos que reconocer que, medida que uno va creciendo va perdiendo la inocencia, la ilusión de la magia y la fe ciega que hacen falta para creer que una pesadilla logística de esa magnitud puede ser cierta. Para mí no hubo realmente nada que aceptar; era la realidad y ya.

De hecho, tengo más recuerdos divertidos del Día de Reyes Magos después de que ya sabía que no existían. Mis regalos no dejaron de llegar. En muchos casos yo misma iba con mami a comprar lo que yo quería. Creo que por eso no estaba preparada para la cara de absoluta desolación de Marco. No estaba preparada para sus lágrimas de infinita tristeza. Porque no eran sólo lágrimas de desilusión, era como si todo su sistema de creencias se hubiese desmoronado.

20121225_190822Honestamente no tengo idea de si nuestra conversación realmente ayudó en algo a Marco. Al verlo llorar desconsolado yo sólo sentía impotencia. Creo que a los dos se nos rompió el corazón ese día; a él porque yo no pude darle la respuesta de que él esperaba de mí y a mí porque ésta es una de las tantas cosas de las que no voy a poder protegerlo.

Unas semanas después Marco me dijo que su mejor amigo le aseguró que Santa Claus sí existe y, por supuesto que él le cree porque (hello!) es su mejor amigo y no le mentiría. Yo sé que, en el fondo, él sabe que no es cierto, pero me da mucha ternura la manera en la que él le sigue la corriente a Sebastián (quien sólo tiene ocho años). De hecho, este es el año en el que Marco ha demostrado abiertamente más ilusión por la Navidad.

Mi niño está creciendo y crecer duele. Yo sabía que muchas veces a él le iba a doler, pero lo que nunca me imaginé era que a mí también.

One thought on “Crecer duele…

  1. Querida te aplaudo la sabiduría de no querer taparle el cielo con la mano a tu hijo (error craso que cometen tantos padres). Siempre tenemos que tratar a nuestros hijos con el respeto y dignidad de decirles la verdad…. claro en términos que ellos puedan comprender. Recuerdo cuando Xavi tenía 10 años llegó a casa y me dijo que en su salón decían que los papás eran Santa Claus. Yo le pregunté que opinaba él sobre eso y el me respondió con una convicción inigualable ” que eso sería en las casas de los que no creían en Santa porque en la de él eso no pasaba” , por lo tanto yo no dije más nada y ahí quedó el tema. También recuerdo cuando yo me dí cuenta que los papás eran Santa porque una noche tarde estaba despierta y miré por las puertas de cristal y vi al vecino bajando bicicletas y juguetes del baúl del carro para colocarlos bajo su árbol. Siento decir que en vez de ser tierna como tu hijo y el mio, aproveché para cambiar unos muñecos Campbell que me habian regalado a mi por un juguete que le trajeron a mi hermano que me gustaba más. Al otro día mis padres me preguntaban varias veces si estaba segura que ese juguete era mio y no de mi hermano y yo con certeza afrimaba que sí que en efecto sí era mio. Supongo que siempre fui una cínica en training , pues muy bien sabía que mis padres no iban a admitir que yo lo había cambiado pues se delatarían delante de mi hermano. Lo peor es que nunca me ha molestado mi conciencia por ese incidente jajajaja que mal

¿Qué te parece? Estás de acuerdo, nada que ver, etc.

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s