Fish in a Tree de Lynda Mullaly Hunt

Fish-in-a-TreeFish in a Tree de Lynda Mullaly Hunt es un libro que la Asociación de Padres de la escuela de mi hijo Sebastián le regaló a todos los niños de quinto grado.

El libro es lindísimo y me parece que es una lectura excelente para niños de esa edad ya que el propósito principal de éste es enseñarles a los niños sobre la tolerancia y toca temas que son la realidad que viven nuestros niños en las escuelas: bullying, crueldad de otros niños que se sienten superiores, discrimen por ser diferentes.

La protagonista del libro, Ally, es disléxica. Claro, al principio del libro ella no lo sabe y tiene que lidiar todos los días con la tarea imposible de leer, incluso la oración más sencilla. Esto le trae una inmensidad de problemas ya que nunca puede completar su trabajo.

Lo peor es que la verguenza que Ally siente por no poder leer y por el hecho de que todo el mundo la trata como si fuera simplemente bruta, le impide que pida ayuda y que explique lo que realmente pasa. Es más fácil dejar que todos piensen que a ella en realidad no le importa meterse en problemas y terminar todos los días en la oficina de la directora.

En esos primeros capítulos a mí me llenaba de impotencia el hecho de que la maestra de Ally, en lugar de mirar más allá y genuinamente tratar de ayudarla, se conformaba con aceptar que Ally era uno de esos estudiantes incorregibles con los que ella no estaba dispuesta a desperdiciar su tiempo.

Lo mejor que le pudo pasar a Ally fue que esa maestra (de título, no de vocación) se fuera en licencia por maternidad. En el momento en que Mr. Daniels entró en el salón de Ally, su vida empezó a cambiar.

Mr. Daniels es un maestro como deberían ser todos. Dedicado, interesado y decidido a sacar lo mejor de cada uno de sus estudiantes. En apenas unas semanas se dió cuenta de lo que pasaba con Ally y buscó la manera de ayudarla.

Lo cierto es que Mr. Daniels se encargó de ayudar a todos sus alumnos. Siempre se aseguraba de alabarlos cuando hacían algo bien y de ayudarlos a desarrollar sus talentos. Nunca los ridiculizaba ni nos hacía sentir menos. Les ponía freno a los estudiantes que eran crueles con los demás. Siempre buscaba la manera de inspirar a sus estudiantes.

Mr. Daniels es, obviamente, mi personaje favorito de todo el libro, aunque no es el único que me gusta. De hecho, me encantaron casi todos los personajes.

Travis es el hermano mayor de Ally. Siempre está pendiente a ella, la ayuda y la consuela. Travis se siente responsable y “el hombre de la casa”, por lo menos hasta que el papá de ambos, quien está mobilizado (es soldado), regrese.

Keisha y Albert se convierten en los mejores amigos de Ally. A Keisha le gusta hornear bizcochitos y sueña con iniciar su propio negocio. Albert es el clásico nerd. Me ganó desde el momento en que nos enteramos que es además Trecky.

Al principio del libro, Ally hubiera dado lo que fuera por pertenecer al clique de Shay (mean girls) con sus brazaletes de amistad, hasta que se dió cuenta de que en ese grupito no había amistad verdadera y todas tenían que seguir las órdenes de Shay sin protestar.

Lo que me parece más interesante es que precisamente Shay la que, después de burlarse de Keisha, Ally y Albert llamándolos “misfits”, los empuja a empezar a unirse. Es evidente quienes salieron ganando.

También me gusta mucho Oliver. El es el “niño inquieto” de la clase. La maestra anterior siempre lo regañaba delante de todos, pero Mr. Daniels y Oliver tenían una clave secreta y cada vez que Mr. Daniels se agarraba la oreja, era la señal para que Oliver bajara revoluciones y se sentara tranquilo.

Y, por supuesto, me gusta mucho Ally. Al principio del libro me mataba su frustración, la ansiedad que sentía cada vez que tenía que ir a la escuela, la manera en que se esforzaba por ser invisible. Ella misma se describía como “a bag full of nothing” (una bolsa llena de nada).

¿Cómo es posible que un niño de diez u once años puede sentirse así? Eso sólo puede ser culpa de los adultos que estamos a su alrededor.

Aunque, por un lado, Ally no podía leer, por el otro, era una dibujante muy talentosa. Siempre estaba dibujando en su Sketchbook of Impossible Things. Al principio muchas cosas eran imposibles para ella, por eso me encantó cuando Mr. Daniels escribió la palabra “impossible” en un pedazo de papel y luego lo rompió para que quedara solamente “possible”. En eso Mr. Daniels y yo estamos de acuerdo, no hay nada imposible. Siempre podemos soñar y siempre podemos creer.

Al final ya no era una sorpresa para Ally que en su vida había ahora más cosas posibles que imposibles.

Este libro se lo recomiendo a grandes y chicos. Si hay algún niño en su vida, por favor denles a leer este libro porque nos brinda una lección muy linda que todos deberíamos aprender: todos somos diferentes y todos somos maravillosos.

¿Qué te parece? Estás de acuerdo, nada que ver, etc.

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