The Curious Incident of the Dog in the Night-Time de Mark Haddon

curious-incident-dog-nighttimeEl timing de este post es perfecto, ya que abril es el Mes de Concienciación sobre el Autismo.

The Curious Incident of the Dog in the Night-Time de Mark Haddon es el libro del mes en la Biblioteca Pública de Mansfield. De hecho, es libro de discusión de todos los clubes de lectura de las distintas edades. El libro se presta para eso porque es apropiado tanto para niños como para adultos.

Christopher tiene quince años y es autista. Desde el principio del libro él explica que se sabe todos los países del mundo y sus capitales, y todos los números primos hasta el 7,057. Se relaciona muy bien con los animales, pero no entiende para nada las emociones humanas, las metáforas ni los chistes.

Es muy bueno en matemáticas y vive con su papá, ya que su mamá murió hace dos años.

Además, Christopher odia los colores amarillo y marrón y no le gusta que lo toquen. Si alguien lo agarra, su reacción es golpearlo. Los lugares y las experiencias nuevas lo asustan y odia estar en lugares donde hay mucha gente.

A Christopher le gusta salir a caminar de madrugada en su vecindario porque, de esta manera, puede hacerse la idea de que es la única persona en el mundo.

Una noche, durante una de estas excursiones, descubrió muerto a Wellington, el perro de su vecina, la Sra. Shears. Alguien lo había matado con un rastrillo. Y, aunque para Christopher las personas a su alrededor no eran importantes (más bien eran una molestia), él sentía cariño por los animales, así que decidió investigar la muerte de Wellington y descubrir al asesino.

Esto era particularmente difícil porque para buscar pistas tendría que ir a lugares desconocidos y (¡HORROR!) hablar con personas extrañas (sus vecinos). Pero lo importante era encontrar al asesino de Wellington y que se hiciera justicia.

Christopher, además, decidió escribir un libro sobre su investigación. De hecho, el libro que leemos es, básicamente, el libro que está escribiendo Christopher. Vemos su punto de vista y la manera en  que él ve el mundo.

Algo que me pareció interesante es que los números de los capítulos son números primos. Pero bueno, desde el principio él nos advirtió que le gustaban mucho. Lo otro que me gusta son sus ilustraciones. Christopher explica que, a veces, se le hace difícil describir cosas. Su maestra, quien es aparentemente la persona en la que él más confía, lo estaba ayudando con su libro y le dijo que tenía que incluir descripciones de cosas que puedan interesarle al lector. Así que, cuando a Christopher se le hace difícil describir algo, incluye un dibujo, un mapa, una gráfica para que podamos entender mejor lo que está en su cabeza.

Reconozco que, sobre todo cuano estaba tratando de explicar alguna ecuación matemática, la explicación me dejaba tan confusa como la misma ecuación.

Por momentos, la manera de escribir de Christopher me recordaba a Edna en Glass, quien también estaba escribiendo un libro. Al igual que Edna, a veces, Christopher pasa de un tema a otro si ton ni son o se pierde en una complicada explicación que, por lo menos a mí, me dejaba con más dudas que respuestas.

Como él era tan bueno en matemáticas, con frecuencia, usaba ecuaciones y teoremas para explicar las cosas del día a día que, de otra manera, se le harían muy difícil entender. Al tope de esta lista estaban las personas a su alrededor, sus acciones, sus reacciones, sus relaciones. Todo esto era un gran misterio para Christopher. Algo que, como todo lo que él no entendía, le causaba mucha ansiedad y miedo.

El libro se supone que sea una historia inspiradora. Christopher supera sus miedos y, no solamente descubre al asesino de Wellington, sino que además se entera de un secreto que cambia su vida.

Ahora tengo planes de discutir en detalle algunos aspectos del libro, así que si tienen planes de leerlo, les sugiero que paren aquí (SPOILER ALERT!)

Lamentablemente yo no pude superar la manera en que Christopher demuestra un total desinterés (e incluso molestia) por la raza humana. Esto me molesta particularmente en el caso de su papá, quien se había quedado a su cargo cuando su mamá (si todavía están leyendo, es en serio: SPOILER!) los abandonó porque no podía bregar con la situación.

De hecho, no quiero ni entrar en detalles de lo que pienso de ella porque no concibo que una madre sea capaz de abandonar a su hijo (quien la necesitaba tanto) para irse con otro hombre a perseguir su propia felicidad. Yo entiendo que ella dejara a su marido si ya no lo amaba, pero para mí nada justifica que abandonara a su hijo. Y ya ven, ahí estoy entrando en detalles.

Volviendo al papá de Christopher,  él tuvo que enfrentarse solo a todo lo que implicaba el cuidado de un niño autista. Prepararle la comida de los colores correctos, respetar su espacio y, sobre todo, nunca tocarlo, lidiar con sus ataques de ansiedad y sus episodios de histeria. Yo no me quiero imaginar lo que debe ser para un padre enfrentarse a esto y más solo. Debe ser en extremo difícil y extenuante.

Creo que no leí una sola página de este libro completa sin detenerme a darle gracias a Dios porque mis hijos son sanos. Sé que suena bastante egoísta de mi parte, pero creo que, en lo que conscierne al bienestar de nuestros hijos, los padres podemos permitirnos ser un poco egoístas y querer lo mejor para ellos.

Pero ¿ven?, ya me salí del tema otra vez.

Christopher estaba más interesado en encontrar al asesino de Wellington o en el bienestar de su rata, Toby, que en su papá. Y eso me daba mucha tristeza. Creo que pienso como mamá y me pongo en los zapatos del papá de Christopher. Pienso en cómo le rompía el corazón el hecho de no poder comunicarse con él, no poder abrazarlo o demostrarle cariño más allá de presentarle la mano como saludo indio (era la señal que ellos había convenido para “te amo”) y la impotencia de sentir que no podía ayudarlo.

Para mí fue particularmente alarmante cuando, en el capítulo 229, Christopher describe su sueño favorito. En este sueño, todas las personas del mundo, menos él, están muertas (incluso sus padres, maestros, compañeros de clase) y él puede ir a todas partes sin toparse con nadie. No hay nadie que haga los ruidos que le molestan. El puede entrar a las casas ajenas y a las tiendas y tomar lo que quiere porque todo el mundo está muerto. El puede vivir su vida feliz y solo.

Para mí este capítulo fue traumático. El hecho de que, en su mente, ni siquiera sus papás merecían estar vivos en su pequeña utopía. Para mí fue un shock ver que él no quería en su mundo perfecto a ninguna de las personas que día a día lo cuidaban, se preocupaban por él, le demostraban cariño; ni una persona.

Después de leer ese capítulo, aunque trataba de entender sus circunstancias particulares, reconozco que se me hizo muy difícil.

Yo quería leer este libro, más que nada porque pensé que sería una experiencia parecida a la de Fish in a Tree. No lo fue.

En el caso de Fish in a Tree, para mí fue un placer ver el desarrollo de Ally y la manera en que incrementaba su confianza en sí misma y su optimismo ante el mundo y su futuro, todo gracias al interés de un maestro maravilloso.

En el caso de The Curious Incident of the Dog in the Night-Time, aunque es cierto que Christopher sacó muy buenas notas en sus exámenes de matemáticas y que viajó sólo en tren a Londres, me sigue causando problemas el hecho de que su gran reto era tener que aprender a tolerar a la humanidad, recordando siempre que, cuando sintiera ganas de golpear a alguien o apuñalarlo con el cuchillo Swiss Army que siempre llevaba en su bolsillo, debía respirar profundamente y contar hasta cincuenta o resolver problemas matemáticos en su cabeza, porque ambas cosas eran socialmente inapropiadas.

Pero sean ustedes mismos los jueces. La crítica está bastante dividida. Mucha gente parece amar el libro; otros lo odian. Yo no puedo decir que estoy en un grupo ni el otro. Hay cosas que me gustaron mucho; otras, no tanto. Pero les recomiedo que lo lean. Les va a dar mucho de qué pensar.

Y para los que sí leyeron el libro, les deseo que hoy vean cinco carros rojos en fila de camimo hacia donde quiera que vayan. ¡Que tengan un día súper!

¿Qué te parece? Estás de acuerdo, nada que ver, etc.

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