El tiempo fuera del tiempo

Todo en la vida es cuestión de perspectiva. Pasan los años y lo que nos encantaba, de pronto ya no nos encanta tanto. Nuestros ídolos van cambiando y también nuestras rutinas. Diferentes eventos en nuestras vida nos ofrecen nuevas perspectivas.

Cuando pertenecía a la fuerza laboral jamás se me hubiera ocurrido pasar los días en casa sin rutina de corre y corre. Era casi un pecado de ocio y la idea de perder el trabajo repentinamente toda una desgracia. Hoy en día sé que nadie se muere por perder el trabajo. Quedarse en casa ofrece nuevas rutinas.

Ya no mido el tiempo por reloj, ni por los días de la semana. Ya no es lunes, sino día de limpiar. Ya no es viernes sino día de lavar. Las horas no se miden por números. Al que me pregunte la hora le digo, “es hora de hacer ejercicio, hora de sembrar o desyerbar, hora de pintar, hora de cocinar,  hora de estudiar y escribir, hora de ver televisión y hora de dormir.”

Antes vivía solo para llegar a viernes. Mi meta a corto plazo era la hora del almuerzo y a largo plazo,  la hora de salida. Medía los meses por los días de cobro y me parecía que el tiempo se estancaba de lunes a viernes y volaba los fines de semana.


Ahora tengo tiempo para darle a mis seres queridos. Puedo buscar niños a la escuela, cuidar bebés y acompañarte a citas médicas. Puedo ayudar en proyectos escolares y asistir a simposios o seminarios en un abrir y cerrar de ojos. Me parece que estoy haciendo vida de retirada pero sin que llegue el retiro…

Lo mejor de todo es no sentirme esclava del tiempo y poder manejarlo a mi antojo. Mi tiempo ahora es elástico y maleable. Se ajusta a impredecibles y los acepta sin rabiar. Si se inunda el piso, me detengo a secarlo pero no pierdo tiempo en llorar por qué o hasta cuando… Si tengo que hacer favores, o cambian mis planes sin aviso, lo acepto feliz. Si se me olvida hacer algo, pues lo hago mañana y me acuesto a dormir.

He comprendido que hay días en que nos levantamos sin el favor del universo y todo sale mal. En vez de frustrarme y rabiar, acepto esos días con calma porque sé que ellos también pasarán. He sabido esperar 3 horas tranquila en oficinas de gobierno para lograr gestiones sin maldecir, ni infartar. Me he curado de la rabia de guiar en los tapones y ni siquiera me molesta esperar mi turno en las intersecciones.

Sé que estoy viviendo un tiempo fuera del tiempo, un tiempo irreal entre planes de vida, pero me siento tan a gusto que me niego a volver al tiempo laboral del tiránico reloj  y la rutina férrea. Vivir este tiempo Narnia no me impulsa ni a buscar empleo, ni a manejar tapones exasperantes, ni a usar tacones y ropa de oficina. Este es un tiempo de aprendizaje y creatividad; un tiempo más allá del tiempo dónde la reflexión es clave.

Pues así sembrando, limpiando, cocinando, escribiendo y pintando en este tiempo hippie, sin marihuana ni LSD, no he perdido el sueño ni el apetito, ni la calma. Solo espero que algún día ustedes puedan también disfrutarlo…

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4 Comments

  1. Realmente me identifique con tu escrito, aunque lo mío en el trabajo parece esclavitud por las horas y formas en que trabajo.

    1. Hola Angelica gracias por comentar y bienvenida. Ahora que no trabajo miro hacia atrás cuando trabajaba y también recuerdo la esclavitud. Honestamente no creo poder volver a trabajar. Estoy agotada y desilusionada del trabajo.

¿Qué te parece? Estás de acuerdo, nada que ver, etc.

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