El oro del rey-una visita al bajo mundo sevillano del siglo xvii

La cuarta entrega de la serie Alatriste no defrauda nunca. Aquí ya Iñigo tiene 16 años y es el narrador. Los lectores sentimos que vamos creciendo con él y descubriendo el mundo a través de sus ojos. El oro del rey es una perfecta oda a la picaresca con claros ecos del Lazarillo de Tormes. Entramos en el teatro de lo absurdo casi cuando Reverte nos presenta la fiesta carnavalesca que arman los presos y el pueblo para celebrar la última noche en la tierra de un condenado a muerte como si morir ahorcado fuese un gran honor y no una desgracia. La misión secreta del capitán para recuperar el oro del rey lo lleva a adentrarse al inframundo de la peor calaña de Sevilla ” a la busca de viejos conocidos con pronta mano y poca lengua, bravos de verdad y no de entremés de comedia; de esos que mataban sin dar tiempo a confesión” ( El oro del rey, p 126).

En cada refrán y cada esquina de la calle, Reverte nos va revelando la humanidad a flor de piel. Resumiendo a Sevilla nos dice,

un aula magna, en fin, de los mayores bellacos que Dios crió, llena de iglesias para acogerse en sagrado, donde se mataba al fiado por un ochavo, por una mujer o una palabra. (El oro del rey, p. 125)

la luz del día dejaba ver ahora sus rostros mal afeitados, las cicatrices, barbas y mostachos cuyo aire fiero no desmentían los montones de armas con pretinas y tahalís de cuero, espadas, vizcaínas, terciados y pistolas… Sus ropas sucias y sus pieles grasientas por la interperie, el mal dormir y el viaje, emanaban un olor crudo, áspero, que yo conocía bien de Flandes. Olor a hombres en campaña. Olor a guerra. (p. 185)

Me gusta usar las palabras del propio Reverte porque nadie puede decirlo mejor que él. Disfruto mucho las narraciones, observaciones de la sociedad, males, personajes del inframundo y otros dichos que utiliza Reverte para contarnos la historia.   Es por eso me limitaré a compartirles citas sobre diferentes temas que me impactaron por encontrarlos tan vigentes todavía. Estas oraciones/adagios tan característicos de Pérez Reverte son para mí una joya de la literatura:

Que si aquella infeliz España era ya un imperio en decadencia, con tanto enemigo dispuesto a mojar pan en la pepitoria y arrebañar los menudos, aún quedaban dientes y zarpas para vender cara la piel  del viejo león, antes de que se repartieran el cadáver los cuervos y los mercaderes a quienes la doblez luterana y anglicana — el diablo los cría y ellos se juntan—- permitió siempre conjugar sin embarazo el culto a un Dios de manga ancha con la piratería y el beneficio comercial; que entre herejes, ser ladrón devino  siempre respetada arte liberal. De modo que de creer a sus cronistas, los españoles guerreábamos y esclavizábamos por soberbia, codicia y fanatismo, mientras que todos los demás que nos roían los zancajos, ésos saqueban, traficaban y exterminaban en nombre de la libertad, la justicia y el progreso. ( El oro del rey, p. 14)

Reverte usa el siglo xvii como marco de referencia para decir unas verdades tan ciertas que siguen vigente hoy en día. En el siglo xxi podemos ver ecos de esta cita en la supuesta gesta “salvadora de la democracia” que usa Estados Unidos para justificar entrar en todas las guerras donde ha derrocado gobiernos locales para asentar sus intereses económicos. La cita de Reverte se refería a Inglaterra y Holanda; hoy vemos como ese legado mercantil y protestante perdura en Estados Unidos.

Reverte nos cuenta con lujo de detalles como fue el regreso a casa por mar y tierra de aquellos valientes soldados que pelearon en Flandes; una trayectoria que nos recuerda a los peligros y peripecias que sufrió Odiseo.

alborotaban casi todos, dichosos ante la proximidad de la tierra, sabiendo que estaban a punto de acabar las zozobras del viaje, el peligro de ser arrojados por vientos contrarios sobre la costa, el hedor de la vida bajo cubierta, los vómitos, la humedad, el agua semipodrida y racionada amedio cuartillo por día, las habas secas y el bizcocho agusanado… (El oro del rey, p. 15)

Reverte se refiere a España  como ” la vieja perra ingrata” pues sus soldados daban la vida por ella pero no recibían ni paga. Nos cuenta íñigo como la mayor parte de lo bueno que recibió fue por influencias y no por méritos:

y debí las ventajas y ascensos más a favor del rey, a mi relación con Angélica de Alquézar y a la fortuna que me acompañó siempre, que a los resultados de la vida militar propiamente dicha. Que España, pocas veces madre y más a menudo madrastra, mal paga siempre la sangre de quien la vierte a su servicio; y otros con más mérito se pudrieron en las antesalas de funcionarios indiferentes, en los asilos de inválidos o  a la puerta de los conventos, del mismo modo que antes se habían podrido en los asaltos y trincheras. (El oro del rey, p 29)

Lamentablemente esta cita tiene ecos en la situación de los veteranos de hoy en día, olvidados y hasta despreciados por dar la vida en nombre de su patria.

Sobre el soborno nos dice Reverte:

el tabernero observaba tamaña afluencia de valientes con una suspicacia que pronto disipó el capitán repasándole las manos con unas cuantas piezas de plata, recurso idóneo para volver mudo, ciego y sordo al más curioso de los hosteleros… ( p 170)

Sobre el poder de la palabra y el valor de una buena educación le dice Alatriste a su pupilo, ” En este mundo, a veces llega la pluma donde no alcanza la espada.” (p. 184)

En temas del amor nos dice Iñigo,

Y de pronto… sonrió. Y la suya fue una sonrisa espléndida, luminosa como el sol… y quedé boquiabierto como un perfecto menguado; sometidas sin cuartel, a su amor, mis tres potencias: memoria, entendimiento y voluntad. (p. 242)

Sobre la homosexualidad en el siglo xvii nos cuenta,

Ginesillo era ahembrado… y tratado por todos, hasta por los demás presos, con una crueldad extrema que solo concluía en la leña del quemadero. Que en aquella España tan a menudo hipócrita y ruin, podía uno yacer con su hermana, con sus hijas o con su abuela, y nada pasaba; pero el pecado nefando aparejaba la hoguera. Matar, robar, corromper, sobornar, no era grave. (p. 150)

Tal vez ya no quemamos homosexuales en la hoguera por herejes pero seguimos tratándolos con crueldad e intolerancia.

La sabiduría popular está presente en todo el libro como cualquier picaresca que se respete. Les hago un recuento de algunos refranes pintorescos y jocosos que utiliza Reverte:

Olmedilla, siempre más triste que una carnicería en cuaresma (p. 49)

en España abuelo mercader, padre caballero, hijo garitero y nieto pordiosero (p 51)

pero más vale parecer un rufián vivo que terminar siendo un lindo muerto (p. 112)

 

El oro del rey es descendiente directa de las verdades rudas y fuertes de la naturaleza humana que nos reveló primero El Lazarillo de Tormes. Además de provocar la risa nos hace reflexionar sobre como nuestra naturaleza no ha cambiado nunca…

Los invito a leer esta épica y maravillosa antología en un verdadero viaje en el tiempo que nos lleva hasta el fondo mismo de nuestra humanidad y del pueblo español.

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