Lecciones de María

Hace un año que el Huracán María azotó mi isla sin piedad. Su furia de agua y vientos apocalípticos, rajaron el corazón de mi tierra. María hizo añicos la ilusión de rutina y comodidades que teníamos todos. El 20 de septiembre 2017 quedará en la memoria colectiva puertorriqueña como el día en que se rompió la vitrina, cayó la venda y se quebró la fantasía de la democracia bendecida.  María se llevó con su fuerza cósmica la última fe que nos quedaba en nuestro gobierno y el buen funcionamiento de sus instituciones. María arrasó con nuestras ilusiones sumiéndonos  en el caos de la oscuridad sin agua y la falta de comunicación.

Tuve suerte de no tener televisión pues así no pude ver esas terribles imagenes de desolación y destrucción masiva. Solo tuve que bregar con mi situación particular y la de mis familiares para buscar agua y comida. Viví en terror de enfermarme, pues bien sabía que no había medicinas ni servicios médicos confiables por la falta de energía eléctrica. Había que usar repelente de mosquitos a diario para no sucumbir al dengue, chikunguya o zika. Dejé de caminar para ejercitarme pues temía que salieran ratas o mangostas de los escombros podridos que nos arropaban por todos lados. Se me cayó un diente y sufrí mares para encontrar un dentista abierto. Por primera vez andé con mucho efectivo encima pues era el único método de pago viable. La primera vez que me atreví a salir para echar gasolina, me chocaron mientras hacia la fila. Cuando el hombre empezó a gritarme, mis lágrimas contenidas por 2 semanas de comer lo que hubiera, tomar agua a temperatura, cargar candungos de agua para todas partes,  mal dormir bañada en sudor y vivir a medias, comenzaron a fluir como el Río Grande de Loíza y siguieron brotando en el cuartel mientras ponía la querella, en  la gasolinera cuando llenaba mi tanque con premium porque no había más nada, y en mi casa cuando me recogí extenuada por una odisea de la vida cotidiana en la nueva realidad puertorriqueña, donde lograr una gestión al día era un triunfo inigualable.

Miles perdimos nuestros trabajos, beneficios y salarios. Miles tuvimos que decirle adios a familiares y amigos porque perdieron la vida debido a que no había medicinas o acceso a servicios médicos como terapias respiratorias, oxígeno y diálisis, o simplemente tuvieron que emprender el éxodo buscando una vida digna para sus familias. Miles perdieron su hogar y tuvieron que vivir como refugiados de una guerra sin tregua ni piedad. Adios techo, adios núcleo familiar… Muchas fueron las veces que fuimos al supermercado y encontramos las góndolas vacías y soñamos con guineos, chinas, panas y tostones…

A un año de María pienso que teníamos que pasar por esa cruda bofetá si queríamos cambiar y echar pa’ lante este país. Porque María nos enseñó lo que habíamos olvidado los puertorriqueños. A ser independientes y pararnos en nuestros propios pies, sin esperar ayudas ni incentivos de nadie. A resolver solitos y meter mano como siempre hicimos en el pasado histórico de la colonia española, en que sobrevivimos del contrabando y las empresas locales e individuales que aprovechaban los recursos naturales, sin esperar a que llegara ningún situado de la metropolis. Tuvimos que agarrar el toro por los cuernos y volver a la tierra a sembrar para comer, a lavar a mano como nuestras abuelas y a recoger agua de lluvia para limpiar la casa y bajar la cadena.

Como siempre hice en los momentos difíciles en mi vida, me refugié en los libros. Mi madre y yo leíamos en el balcón aprovechando la luz del sol y cuando salía la luna conversábamos hasta las 8 de la noche para acostarnos. Recibir visitas de mi hijo o mi hermano era una bendición para compartir comida, noticias, cariños y amor.

Las lecciones de María son claras y firmes. Basta de cosas superfluas, monumentos y fiestas conmemorativas que nada resuelven. Basta de politiquerías y excusas. Basta de creer en palabras, promesas y discursos. Basta de esperar ayudas que nunca llegan. Hagamos lo que sí vale la pena. Adquirir placas solares o plantas eléctricas, almacenar agua de lluvia, sembrar alimentos,  reducir el consumo y los desperdicios. Reciclar, reusar y vivir con menos son la orden del día. Tenemos que hacer lo nuestro y contribuir a preservar nuestros recursos naturales. Empecemos por ser mejores personas y darle la mano a los demás sin nunca desperdiciar la oportunidad de dar gracias a Dios por estar vivos y tener familia, patria y hogar…

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2 Comments

  1. Mi querida Lizette:
    Gracias por una culumna mas donde viertes con el corazon nuestra experiencia de vida despues de Maria. Me encanta leerte pues en pocas pero elocuentes palabras nos haces reflexionar.
    Quiero que sepas que ya lei tu libro de poemas y me parecio hermoso. Senti que fui parte de la historia que tejio algunos de ellos. Recorde como nos hicimos amigas, nuestras cartas durante tu vida en Francia, y sonrei recordando nuestra complicidad. Senti tristeza al recordar la muerte de tu padre, maestro y amigo, y llore al ver mis propios sentimientos plasmados en sus letras.
    Sigue deleitandonos con tu pasion por las palabras pues a traves de tu voz nos liberas. Un abrazo fuerte.
    Blanquita

  2. Qué belleza me has escrito Blanquita. Gracias por tu amistad y consejos sabios de siempre. Te traje con el pensamiento pues vi a Natalia el viernes pasado y compartí un ratito con ella. Y de pronto veo tu comentario aquí en mi blog. Compruebo una vez más que las personas queridas las llevamos siempre en el corazón. Muchos besos siempre!

¿Qué te parece? Estás de acuerdo, nada que ver, etc.

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