La prueba de fuego

El lunes 20 de mayo fui a leer mis cuentos infantiles Puerto Rico en el corazón  en una escuela elemental de escasos recursos. Cuando llegué fue como entrar al mundo maravilloso de mi niñez. Mesas y pupitres miniatura, paredes con mensajes y citas alentadoras, pequeños cubículos para guardar pertenencias y alegres dibujos infantiles. ¡Me transporté en el tiempo! Sentí la emoción y el nerviosismo del primer día de clases…

Nunca había leído mis cuentos a los niños. Tenía miedo de emocionarme tanto que se me salieran las traicioneras lágrimas y se arruinara la fiesta. Sin embargo,  eso no ocurrió. Caí como pez al agua conversando con mi audiencia sobre por qué amo la lectura y dibujar para viajar por otros mundos y en mi imaginación. Les pregunté por qué les gustaba leer y, cuál no sería mi sorpresa, al ver tantas manos alzadas para contestar… Uno dijo que leía para aprender palabras nuevas, otro dijo para conocer historias. ¡Todo un conversatorio con mis colegas de kinder a tercer grado! Les dejé claro que ellos también pueden escribir e ilustrar sus propios libros…

Leí un poema cuento y todos sabían lo que era un poema. Me dijeron que las palabras riman. Cuando terminé de leer el poema, exclamaron, “Qué cortito”. ¡Yo que temía que no les gustaran o lo encontraran aburrido, y ellos querían más! Como dijo Pedro Navaja, “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”.

Les leí un cuento de un coquí y sus caritas tan atentas, tan alegres, derritieron mi corazón.  Repetían el estribillo al unísono. Contestaron todas las preguntas y tenían mil preguntas para mí. Un hermoso niñito de kinder usó mis palabras exactas del cuento para contestar. Una niñita muy lista me dijo que yo me parecía a la nena de la portada (es cierto soy yo con mi hijo)…

Al final llovieron abrazos y besos que colmaron mi dicha. Fue una experiencia maravillosa que no se puede comprar ni con oro, ni con joyas… Hicimos una marioneta de coquí y escribimos un mensaje del cuento. Compartí en las mesitas la pega, las tijeras y los ojitos. Me senté con ellos en el piso a enroscar lenguas y pegar bracitos…

Pasé la prueba de Fuego y mis verdaderos lectores y jueces, los niños, validaron mis cuentos y dibujos con un rotundo SÍ y un lindo sello de aprobación: aprendiendo, jugando y divertiéndose.

No puedo dejar de mencionar a las hermosas y cariñosas maestras que eran unas auténticas mamás, enseñando y disciplinando con amor y cariño.

Los futuros lectores, ilustradores y escritores de cuentos me llenaron de esperanza.

Comparto esta maravillosa experiencia para que sientan cibernéticamente la alegría de la creación compartida y la lectura. Confío en un Puerto Rico mejor a través de la lectura y el compartir de generaciones.  Les llevé dos abuelitas para repartir sonrisas, abrazos y arrumacos ¡Yo no me quito Puerto Rico!

Todos tenemos que poner nuestro granito de arena en nuestro entorno. ¡No puedo esperar a repetir mi cuenta cuentos!

¿Y tú, qué estás haciendo por tu entorno?

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¿Qué te parece? Estás de acuerdo, nada que ver, etc.

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